domingo, 17 de marzo de 2013
No te detengas.
Dos grandes gotas de sudor recorren su frente. Lo miro mientras arrastra los pies, parece cansado. Apenas se da cuenta de que le observo me mira, pero es solo un instante. Continuamos subiendo la cuesta, casi vertical, en silencio. Las piedras, desprendidas del camino y mojadas por la lluvia y el lodo, hacen resbalar nuestros pies. Me llevo las manos a la mochila que cuelga pesada a mi espalda y miro hacia el frente, pronto el sol abrasador que ahora me ciega secará el barro. Sugiere una pausa y paramos, bebemos agua y nos atamos las botas, pero solo es un descanso en el ascenso de la montaña. Suspiramos y, mientras se seca el sudor de la frente, reemprendemos la marcha.
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