martes, 22 de enero de 2013

213 a.c Reinado de Quin Shi Huang, China. Parte III


Los guardias encienden el fuego y empiezan a quemar mis cosas, una por una. Pero no me intimida. Han revisado todo a fondo, sin éxito. Se dirigen hacia mí, y no sé si por rabia o frustración, pero me dan una paliza que me deja tendido en suelo, sangrando, con un brazo inmóvil y el labio partido, observando cómo de un portazo los guardias se van y se funden con la noche. Me quedo solo, junto al fuego. Me incorporo un poco y me rio. Al principio es una risa nerviosa, ahora roza la demencia. ''Los he engañado''pienso, y reanudo mi risa. Mis padres viven en la capital. Mi padre jamás ha tocado un libro, y mucho menos yo que sólo le cubro las espaldas a mi primo, a quien le he robado la identidad por un día ¡Qué duro es luchar por tus ideales! ¡Qué mezquina es la gente que reniega del saber!¡Pues aunque yo no sé leer, bien me hubiera gustado aprender! Me incorporo del todo y, cojeando, tiendo mi futón en el suelo y me acuesto pensando que he hecho bien defendiendo lo correcto y apenándome por aquellos que están ciegos y no lo saben ver.

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