Aun recuerdo el día en que te fuiste. Era una mañana de mayo, jamás la podré olvidar. Sin embargo los detalles, han escapado de mi mente. No recuerdo si las petunias que plantamos habían florecido ya, si hacía frío o calor. No lo recuerdo porque lo que pasó aquel día fue tan perturbador que ha ocupado mi mente. Sí, ya lo sé, han pasado cinco años y debería haberte olvidado. Muchos me lo dicen. Pero tu ya lo sabes, a terca gano yo, siempre. Y no voy a olvidarte, nunca lo haré.
Aquella mañana yo había salido, no recuerdo a qué, quizá fuera a comprar el pan o quizá fuera a ver a mis padres. Cuando llegué a casa todo estaba normal. Metí la llave en la cerradura, la puerta cedió y entré a nuestro salón. Tu estabas en el sofá, sentado de espaldas a mi. El telediario sonaba en el televisor. Me acerqué a darte un beso, pero no estabas. Tus muñecas ensangrentadas me lo dijeron todo. Tu mirada perdida y tu cabeza caída a un lado me atravesaron el corazón. No fuiste valiente cariño. Claro que las cosas no iban viento en popa, pero no mejoraste nada yéndote. Al irte me mataste, me mataste en todos los sentidos. Sabía que tenías deudas, pero no tan importantes. Sabía que pagaban la luz tus padres que, por cierto, cuando te fuiste dejaron de pagar. Sabía que esto es duro, pero pensé que eras más fuerte, más valiente. Pensé que pasaríamos esto juntos. Pero al parecer tu tenías otros planes, ¿Cuánto tiempo llevabas planeándolo? Dime, ¿Cuánto? No puedo evitar teñir mis palabras de cierto rencor. ¿Conoces el sentimiento de culpa, el de pensar qué podía haber hecho para evitar tu huida? ¿Sabes lo que se siente al amar a alguien que no está aquí y se va? No, no lo sabes. No lo sabes porque la que estoy aquí soy yo, la única que tiene sentimientos soy yo, los tuyos murieron contigo.
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