Me despierto aturdida. Todo
me da vueltas. Por fin mi mundo ralentiza y reconozco la habitación,
es la mía. Me incorporo y miro mis zapatos de tacón de aguja en el
suelo. Los recuerdos de la noche anterior van y vienen. Una fiesta en
el club, una gran noche... Esquivando al ropa del suelo salgo de la
habitación y me dirijo al baño. Que mareo. Abro el botiquín y
saco dos aspirinas. Me las trago a pelo, sin agua. Miro a la chica
que me mira desde el otro lado del espejo. Tiene mala cara, ojeras y
el rímel corrido. Cierro los ojos, los recuerdos vuelven. “Ven a
mi casa, te encantará” decía Jaime. Abro los ojos de golpe.
Mierda no puede ser ¿No habremos? No, imposible, tengo
autocontrol... A veces, cuando no estoy con él...Me lavo la cara con
agua fría, cuanto más fría mejor, tengo que despejarme. Salgo del
baño y vuelvo a la cama. Esta noche en el club hay una gran fiesta,
Jaime estará allí, no me la puedo perder. Me meto en la cama y
duermo. Ya me estoy acostumbrando a no recordar mis noches, a dormir
mis días y a comprar aspirinas.
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