Quiero volar. Volar. Ése es mi lema. No tiene nada que ver con un anuncio de Redbull o el eslogan de un banco. Para mi es literal. Me apasiona pilotar la vieja avioneta YV615 blanca de mi abuelo. Me gustaría hacer algo más grande algún día,pilotar un avión de pasajeros o una avioneta nueva y moderna como las de ahora. Pero no me dejarán. Es más, si algún día la avioneta del abuelo se estropease, mi contacto con los aviones quedaría reducido a mis juguetes de cuando era niño. Todo cuesta dinero, por eso me dicen que no vale la pena luchar, que dicen que no vale la pena luchar, que esto es un hobby, un pasatiempo y no una vocación. Me lo dicen todos, todos menos mi abuelo <<Haz volar este cacharro y serás libre como el viento>> me decía enseñando su diente de oro. Ahora que no está, nadie en la familia quiere que estudie aviación. Mis padres han reunido el dinero justo para que vaya a la universidad, quieren que estudie derecho y que me vaya a una gran ciudad a probar suerte. Pero no quiero dejar la granja, ni la avioneta.No quiero cumplir con todos esos planes que han hecho para mí. Si lo hago cuando vuelva la avioneta será un montón de chatarra inservible y no volverá a volar. Algunas personas están hechas para ser libres, yo soy una de ellas.
Cierro las manos sobre el volante, tapizado en cuero marrón. El cuero es suave y está caliente, quema. El abrasador sol de agosto lo ha ido quemando hasta que algunas partes se han levantado, dejando a la vista un material negro y firme. Contemplo la granja desde mi asiento, también tapizado en cuero marrón. Hoy voy a ser libre.
Pongo en marcha el motor y me concedo un minuto para oír cómo ruge. Cierro los ojos, y cuando el olor de la gasolina llega hasta mi, los abro. Acciono dos palancas gemelas y quito el seguro. El aparato empieza a rodar. Es un momento crucial, cuanto más vieja es la avioneta, más me cuesta despegar y, este trasto tiene muchos años.
Distraído, pienso en el avión que mañana me llevará a la universidad. <<Yo no soy pasajero, soy piloto>> digo en voz alta tirando del volante hacia mi y haciendo despegar el aparato a la primera.
Unos minutos después el incansable viento azota mis rizos salvajes sin pausa. Voy a toda velocidad. Corto algunas nubes bajas y esponjosas atravesándolas con la avioneta. Y grito. Grito para que me oigan, para que se enteren de que esto es mi vida, para que sepan que yo debería ser un águila.
Sobrevuelo bosques, prados y ciudades hasta que pierdo la noción del tiempo. Sólo recuerdo la hora que es cuando un agudo pitido me avisa de que el depósito está vacío y la avioneta comienza a fallar. Tengo miedo e intento arrancarla de nuevo, pero es inútil, ya voy planeando. Estoy a mucha altura, la caída tardará unos minutos. Serán eternos. Aquí no hay caja negra, no hay boli ni papel. Nada con qué despedirse. Mi destino está sentenciado. Decidido a aceptarlo sin miedo, me seco una lágrima que se resbala por mi mejilla y rezo. Rezo para distraerme, para distraerme porque no puedo dejar de pensar lo violenta que será mi muerte. Quizá mis padres consigan que la universidad les devuelva el dinero. Quizá les den una indemnización. Quizá utilicen el dinero para pagarle la universidad a mi hermano. Quizá su suerte cambie y las cosas les vayan mejor. Quizá...
Pierdo altura vertiginosamente. Por lo menos podrán decir <<Ese chico murió haciendo lo que amaba>> Sí, dirán eso y seré un héroe. Si sigo descendiendo así me estrellaré contra otra granja. Tengo que desviarme. Estoy tan cerca que puedo distinguir la granja, es la de Toni, un amigo de mi padre. Tiene tres hijos.
Tiro del volante todo lo que puedo, pero hace tiempo que planeo y no tengo control alguno sobre el aparato. Puedo soportar mi muerte, pero no el destrozar una familia por un fallo mío. Por no comprobar el depósito. Balanceo todo el peso de mi cuerpo hacia la derecha. Todo a la derecha. Un leve desvío de la avioneta hace que toda ella vire. Evitando así la granja. Estoy prácticamente boca a bajo. Si tenía alguna posibilidad, ya no la hay. Pero he sorteado la granja y eso es lo importante. Sonrío y cierro los ojos esperando el impacto. Pero éste no llega y no me quedan fuerzas, ni tiempo, para ser fuerte. Llamo a gritos a mi madre, a mi abuelo. Ya no grito para ser libre. Al poco se me quiebra la voz y no puedo gritar. Susurro un débil y frenético gracias a mi familia y amigos por todo lo que han hecho por mi. Por soportar al chico de los aviones. El impacto llega y me estrello contra un prado vacío.
Un golpe brusco en la cabeza. Veo borroso y oigo mucho ruido amortiguado. Y, ahora, nada. Unos puntos rojos que aumentan y disminuyen mientras bailan por el horizonte de mi visión sustituyen a las imágenes borrosas. Aturdido cierro los ojos apretándolos. Me cuesta pensar, lo hago con demasiada lentitud y es agotador. Cuando los abro los puntos se mueven más rápido y oscilan entre el rojo y el morado. Comienzo a oír pitidos y no sé que pasa. Sigo así unos minutos hasta que ya no puedo pensar, ni rápido ni despacio, y me cuesta recordar. Sólo siento un dolor agudo, pero carece de importancia. Saboreo el férrico saber de la sangre resbalándose por mi garganta y luego, poco a poco, todo acaba. No veo nada, no siento nada.
Absolutamente nada.
2º PREMIO DE LITERATURA DEL IES Nº5
2º PREMIO DE LITERATURA DEL IES Nº5
Pues merecía el primer premio..¡¡
ResponderEliminarPuede, quién sabe?
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